lunes, 14 de noviembre de 2011

Corredor Estasen (Aneto)


Enero del 2007. Teníamos gana de hacer una invernal al Pico más alto de los Pirineos, el Aneto.
Buscando un poco en la bibliografía casera, encuentro un corredor que me llama la atención. El corredor Estasen. Parece entretenido, no muy difícil, y no es la ruta normal, tan concurrida. Aunque, bueno, en invierno tampoco se encuentra mucha gente ni por la normal.
El grupo lo formamos Elena, Paulo, Lorena y yo. Suficientes para pasar muchas risas y una velada emocionante.
Camino a Benasque, dirección valle de Vallibierna. La estancia, la pasamos en un refugio sin guarda en dicho valle.
Frío, mucho frío por la noche. Sobre todo para Elena y Paulo, con unos sacos de verano. Pero bueno, se nota que son personas muy curtidas, resistentes a todo tipo de condiciones adversas.
Nos levantamos muy temprano, ya que nos esperaba un fuerte desnivel, a la luz de la luna.
Poco a poco fue entrando la claridad en un valle con una orientación oeste, la luz llegó tarde y el sol casi ni lo vimos.

Poco a poco, nos fuimos aproximando al corredor elegido, el frío se mantuvo, era una cara norte, pero el paso lento y sin pausa hizo que nuestra temperatura corporal se mantuviera. La tentación de dar la vuelta siempre estuvo en alguna parte de mi cabecita, no logro deshacerme de ella, pero bueno, allí estábamos!!

Entre charla y charla el camino se fue poniendo pindio, fuimos entrando en el corredor, la nieve se endureció y se pudo ver secuelas de la caida de varios aludes en días pasados, pero el estado duro de la nieve nos dió confianza para seguir adelante.
Pensé, "vaya porDiós!!, pero si estamos empezando el corredor y ya noto el cansancio, cómo se puede apreciar mi deplorable estado de forma!!". Pero como un auténticoo lobo de mar con la piel curtida en varias batallas, miré hacia delante y dije: - ¡ya estamos llegando, no nos queda nada! - Vaya jeta que tengo!.

Cuando ya me venían alucinaciones en la cabeza...oí: ¡vaya por Diós, se me ha roto un crampón! -Comentó Elena con una tranquilidad envidiosa.
Creo que llegó a oídos de mis piernas, porque de ipsofacto un calambre se hizo notar en mi gemelo.
Para compensar esa tranquilidad que denotaba Elena, yo le respondí con un "¡Mierda, un calambre!. Era para compensar, claro.

La verdad que no me quejo de mis piernas, las pobres de ellas me han llevado a muchos sitios, no lo puedo negar. Pero de vez en cuando, yo no sé por qué les dá por llorar. Me relajo un poco y sigo con la precaución de no hacer una contracción más fuerte de lo normal.
En este caso, se tranquilizaron y no me dieron más guerra. Quizás fue el susto de oir que se había roto un crampón en una delicada situación como la que teníamos, contando que nos encontrábamos en nieve bastante dura y con una pendiente de más o menos 50 grados.

En fin, a pequeños problemas, pequeños escalones tallados en la nieve, contando, como no, también con la gran experiencia de Elena de manejarse con un solo crampón (pienso yo).
Poco a poco, fuimos subiendo hasta un collado para salir por una arista y ya ver la gran cruz de la cumbre del Aneto. La fractura del crampón más bien fue tema de risas que de preocupaciones. Le dió un cierto toque cómico a la ascensión.
Muchas risas pasamos tanto en el ascenso como en la cumbre.

Con el calor que nos proporcionó el señor sol, tuvimos momento fotos, charla-coloquio y nos tiremos a por el conocido "paso de Mahoma" para de nuevo cruzar hacia el valle de Vallibierna y coger rumbo al refugio.

El descenso no tuvo tampoco desperdicio. Como no, ya casi a oscuras, en vez de bajar por donde iban los hitos, naturalmente, bajamos por el otro lado del valle.
Es que una ruta sin pérdida, no es una ruta, si nó, de dónde vamos a coger esa experiencia en orientación. Lo que pasa es que hay que probarse a menudo para que esa orientación no decaiga...

A parte de bajar por sitios de complicados destrepes, también hubo rapel incluido desde un pino bonsai (o abeto, pero bonsai, no recuerdo muy bien), con su consecuente riesgo de no saber a dónde iba a parar. Todo ésto, era para que no decayera el ánimo y se mantuviera la aventura. Que al final, fue un objetivo cumplido.
A las tantas de la madrugada, con la luz de la luna y multitud de estrellas, llegamos al refugio cansados, pero satisfechos.

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