sábado, 28 de agosto de 2010

Encuentro Inesperado



El título de esta entrada es el nombre de la última vía realizada en las Hoces de Vegacervera. Sí que fue un encuentro inesperado el día en cuestión, pues no sabíamos que íbamos hacer. Aquí pongo unas fotos, la mayoría sacadas por Lorena, donde se puede apreciar el estilo de las Hoces.
Un buen día, sin apenas calor, ya que a la pared le empezó a dar la sombra rápido, lástima que en poco tiempo ya no podamos decir lo mismo. Recuerdo algún día en septiembre de pasar frío como los tontos...


Con las Hoces de Vegacervera mantengo una relación de amor y odio. Odio, porque las placas de adherencia de V+ estilo "Hoces", es decir, "sin nada para agarrarse así que búscate la vida", no me gustan (algunas, no todas). Amor, porque sin embargo, al final del día, dichas placas me dejan buen sabor de boca.


En fin, muy buena escuela y muy buenas vías, en las que se combinan desplomes, adherencia, fisuras y bavaresas. Para disfrutar!!






miércoles, 18 de agosto de 2010

Vacaciones


Un sitio especial, donde allá, en la Primera Guerra Mundial, se tallaron unas de las secuencias bélicas más increibles de la Historia. En cada paso dado, se pueden hallar señales defensivas en estas zonas fronterizas e imaginar los vertiginosos movimientos de un ejército escondido defendiendo los elevados y obligados pasos estratégicos.
LOS DOLOMITAS.

Nuestra cita previa con Arco, cuna de la escalada deportiva en Italia, sirvió para quitarme el mono, puesto que nuestra intención en los Dolomitas no era la escalada libre.

El Piz Boe en un día frío, nublado y lluvioso, en el macizo de Sella, sirvió de comienzo en nuestros primeros contactos con esta maravillosa creación de montañas. Un desfase de casi 40ºC de diferencia de un día a otro en nuestros cuerpos, sirvió para ser conscientes que nos encontrábamos en alta montaña, aunque la gente del norte de Italia y zona del Tirol tenga por constumbre vestirse de pantalones cortos.

La Ferrata Financieri al Pico Colac fue nuestra primera vía ferrata, con la Marmolada en frente, cuya cumbre no se dejó ver en ningún momento. Envuelta en niebla estuvo escondida permanentemente los tres días que estuvimos en estos lugares.
La escalada en vía ferrata no me disgustó, está bien. Es una actividad obligada para saber lo que es y fundamentada por su historia. Además, de las que hice, su escalada libre sería impracticable. Diferentes formas de subir a las montañas y menudo curro la de equipar estas vías.

Y más hacia el noroeste en un lugar de incalculable belleza y punto concéntrico de multitud de escaladores a nivel mundial, creo recordar que se llamaba "Tre Cime di Lavaredo", je je!! Mi presencia en aquella zona se hizo inexistente, sólo estaba lo que me podía aportar la vista. Sin palabras.

Subida al Monte Paterno, Ferrata Innerkofler, repisas impresionantes, galerías y túneles infinitos, menuda historia en las entrañas de una montaña que si pudiera hablar... Y todo ésto a los pies de las Tres Cimas. Ahora creo en los estados de hipnosis, bajo tal admiración.

Venecia, Venezia en Italiano, Venésia en Veneciano. Viaje en barco ida y vuelta desde nuestro camping. Día entero recorriendo las calles venecianas; casas en el agua; estrechos canales; góndolas, gondoleros; olor a pizza, pizza y helados; disfraces y máscaras del carnaval veneciano; palacios; puentes en los canales; iglesias, muchas; y gente a retorcer en las calles más concurridas; en las otras, ni un alma.


Para finalizar, la Costa Azul de regreso, playa y baños en el Mediterraneo, zona entre Génova y Marsella, a modo de recuperación para emprender viaje a casa.
Cada sitio en el que estuvimos merece hablar de él de forma especial, desarrollando un tema entero, que espero ir poco a poco metiéndo en el blog.
Ahora, vuelta a la rutina e imaginando viajes nuevos que espero que se cumplan pronto...


Por cierto, todo empezó en el inicio de las vacaciones, estando en la Sierra de Guara con unos amigos. Pero ésto será otro capítulo...

Fotos: Lorena y Roberto

lunes, 19 de julio de 2010

El comienzo


Una de la Típicas y más Hermosas escaladas-pateadas de los Picos de Europa es la travesía Pico Cabrones -Torrecerredo entrando por la arista noroeste de Cabrones. Es sin duda uno de los recorridos más espectaculares que pueda haber en Picos. Y hacerla en el día desde Pandébano ida y vuelta es para mi todo un lujo y una satisfacción para ser una de mis primeras incursiones de la temporada. Aprovechando la reciente llegada de Damián de Alpes con el precalentamiento del Mont Blanc, nos decidimos por esta majestuosa ruta, que teníamos ganas de realizar entera.

Todo el día con la lengua fuera siguiendo los cabreros pasos de Damián hace que no tenga muchos recuerdos de la actividad. Lo que recuerdo con más detalle es el bocadillo que nos metimos a la espera de que subiera una cordada el último muro para Torrecerredo y el ver como una cabra de casi 2 metros delante de mi iba de salto en salto por las afiladas agujas como si no fuera con ella la cosa...De vez en cuando se me nublaba la vista, pero no por la altura sino por la velocidad a la que íbamos, que ya me daba igual 300 metros que 10, total que no me daba tiempo mirar para abajo.

En fin, las secuelas las siento ahora. Un dolor de garganta que derivó en una afonía aguda y unos dolores musculares que no sé si serán roturas musculares o graves agujetas. La venganza será terrible!!!

Más fotos.




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lunes, 14 de junio de 2010

La fuerza del destino (Cuarta parte)



Pretendo que esta parte sea la última de esta serie. No quisiera enrollarme más de la cuenta, bien porque ya os estoy dando el turre bien porque ya supongo que os estéis cansando. Solo remarcar que el que escribe, estaba acabado y su intención era bajar a Chamonix y coger el camino a sus tierras. Estaba cansado.
Una vez llegados al Glaciar Blanco, al punto del cual partimos, estuvimos decidiendo nuestro "destino". Mi idea era sencilla, pa bajo! Las duras condiciones me habían hecho ver que estábamos en "tierras hostiles" y que posiblemente no era tan fuerte como creía ser. Solo quería zamparme cuatro pollos y cuatro jarras de cerveza con limón, eso para comer y para cenar un costillar de cerdo y cuatro botellas de vino, a ser posible medianamente bueno. Y es que encima, en Chamonix estaba la cosa muy cara, quería teletransportarme a España y comerlo todo. En fin...
Mi compañera y novia, fuerte donde las haya, que en aquellos momentos creía verla de descendencia esquimal, me dio un fuerte apoyo y me convenció para intentar el Mont Blanc al día siguiente. Todavía es el día que se lo agradezco. Mucho.

Encontramos un chalet muy cerca del refugio de Cosmiques. En la misma arista perfilada en la que se encuentra este refugio. Apenas tenía cuatro metros cuadrados pero disponía de dos literas que utilizamos para descansar unas pocas horas, compartidas con otros dos jóvenes escaladores. Nuestros diálogos con ellos eran variados y fluidos, eran franceses y no teníamos ni puñetera idea de francés, pero descansar descansamos lo suficiente como para volver a levantarnos a las dos de la mañana y emprender rumbo hacia arriba, ¡hacia la cumbre!.
El ascenso estuvo lleno de vivencias, de sensaciones nuevas, de alguna espera nocturna en el paso obligado al collado del Maudit. De alguna leve discusión con algún guía, dueño y señor del camino. Mucha sensación de frío, mucho frío. Y al final de nuestro ascenso, muchísima emoción. La cumbre. La cúspide del viaje. Momentos que recordaré para toda la vida, grabados con una sola foto puesto que la cámara se congeló en aquel preciso o precioso momento; quizás por los nervios de estar captando una de las escenas más importantes que marcarán nuestra historia. Nuestra vida. La cumbre del MONT BLANC.

El descenso, por Goutert.

Gracias a todos los que aguantaron esta serie.
Travesía de los Cuatromiles. Macizo del Mont Blanc

domingo, 30 de mayo de 2010

La fuerza del destino (Tercera parte)


Salimos por la noche con la luz de los frontales siendo parte de ese gusano que parecía infinito. Era como una cadena humana donde todo país tenía su representación. Recuerdo que estuvimos mucho tiempo detrás de una cordada, cómo no, de japoneses. Una cordada de mínimo ocho japoneses, que incluso alguno no llevaba crampones, no por no ponerlos si no por no tenerlos. Iban realmente fastidiados, por no decir otro calificativo.
Era una madrugada fría, muy fría. Con mucho viento. Se podía preveer que iba a ser un día un poco duro.
Recuerdo que salimos muy motivados. Con muchas ganas. Nos encontrábamos fuertes o eso creíamos. El paso era firme sin notar el cansancio. Se podía ver mucha gente que paraba cada ciertos pasos a coger aliento y era este detalle el que reforzaba mi consideración de estar medianamente bien porque apenas notaba el cansancio. Mi objetivo era hacer lo que habíamos pensado. Sabíamos que iba a ser un actividad realmente larga y el cuerpo se preparaba para ello. No se podía notar el cansancio en apenas dos horas de pateada.
Ya, en la falda del Tacul, una vez superada la pendiente más fuerte, arriba en el collado, nos desviamos para hacer cumbre. El viento tiraba con fuerza y estaba muy frío, había ventisca para que el acontecimiento se pusiera más interesante, además, seguía siendo de noche y no se veía un carajo.
Una vez desviados para subir el Tacul, estábamos completamente solos. Ahora me viene a la cabeza el esfuerzo que me costaba para vocalizar y poder decir dos palabras. Era duro hablar, tenía todas las partes de la cara congeladas, se podían ver unos minúsculos carámpanos emergentes de las fosas nasales y costaba cerrar los ojos con las pestañas rígidas. El forro polar parecía de cartón piedra y las piernas las tenía anestesiadas. Miraba para Lorena y estaba como yo, mal de muchos (nosotros dos), consuelo de tontos...
Llegamos a una parte rocosa con hielo, siguiendo las huellas ya que todavía no se veía nada, trepamos hasta salir de nuevo a otra parte de nieve que imaginamos que fuera la cumbre, pero estaba realmente tan frío allí arriba que dimos la vuelta como balas para coger de nuevo el camino hacia el Maudit. Cuanto más rápido fuéramos, pensaba, mejor para por lo menos no tener tan fríos los músculos.

Ya empezábamos a ver gente en el camino que llevaba hacia el Mont Blanc, pero lo extraño es que la dirección que llevaban era hacia el refugio y no hacia arriba. Pensé que la gente le pasaba lo mismo que a mi, que tenía la boca congelada, porque se dirigían a nosotros y yo no entendía nada. Bueno, también podría ser porque hablaban en inglés o en francés y la verdad que tampoco entiendo mucho. Bueno, sería la suma de las dos cosas, dejémoslo así...
Seguíamos el rumbo propuesto. Yo, ya ni hablaba, porque me había dejado la boca en la cumbre del Tacul, había visto un japonés marcharme con ella corriendo, ja ja ja!!
La gente iba en dirección contraria, ¿nos abríamos confundido nosotros y pudiera ser que estuviéramos bajando realmente? NO!! Somos españoles y encima asturianos. Pa cabezones nosotros o pa .... los nuestros. En fin, que seguíamos pa riba, los más tozudos, hasta encontrarnos con unos catalanes, también tozudos, que debían ser de los últimos en bajar. Claro, españoles también. Estoy en la duda de que fueran vascos o catalanes, pero bueno, tampoco tiene impotancia.
Nada más vernos nos comentaron que era casi imposible seguir hacia arriba. Que había mucha ventisca, mucho frío y que se había borrado el camino. Total, que no merecía la pena, era arriesgado.
Sinceramente, creo que nos lo estuvimos pensando bastante tiempo el seguir subiendo. Pensándolo bien, no sabíamos donde podíamos dormir esa noche, ni si teníamos la capacidad de realizar un segundo intento al día siguiente y para colmo teníamos poca comida. Pero la realidad era la realidad y no estaba el tiempo para seguir hacia arriba por muy fuertes que estuviéramos. Cuando todos los guías se dan la vuelta será por algo...
Tristemente dimos la vuelta, a muy pesar mío. Destrozado. Me hervía la sangre dentro. No podía comprender que estando tan cerca de nuestra meta, de haber tenido unos días tan fantásticos, de sentirnos tan bien aclimatados, de ver el Mont Blanc tan cerca..., ahora, el tiempo nos hiciera dar la vuelta. Tenía pensado depositar una pequeña parte de las cenizas de una persona muy querida en la cumbre del Mont Blanc y este gesto era el que sustentaba gran parte de mi fuerza. Me quedé vacío. Muy vacío.
Lentamente fuimos bajando la ladera del Tacul en dirección al refugio. Lentamente. La decisión fue la acertada, quería tratar de convencerme. Mi compañera estaba a mi lado y eso me consolaba.

Continuará...

miércoles, 26 de mayo de 2010

La fuerza del destino (Segunda parte)




La arista por la que se baja al Glaciar Blanco desde la Aiguille du Midi vista de perfil impresiona, hasta intimida, se puede observar a las personas como se desplazan lentamente aseguradas por sus guías (lo más habitual). La verdad que una vez que se llega a dicha aguja, te pones los crampones y directamente cruzas la arista para calentar. Es entretenida. El entorno es mágico. Aparte que uno baja orgulloso al glaciar, después de haberle llamado alpinista. Ahora ya entiendo porque al llegar a Chamonix había tanta gente que medía casi dos metros. Uno se estira de lo contento y orgulloso que se baja de estos lares.




El glaciar blanco es inmenso, es una meseta rodeada de agujas y picos, que sin duda es blanca (hay glaciares que pueden tener un color grisaceo, no os riáis). El reflejo del sol lo hace un blanco intenso que te hace cerrar los ojos incluso con gafas de factor cuatro. Poco a poco te vas adaptando al lugar con un ligero mareo debido a la altura.



El refugio, perdón, el hotel, hace que te olvides de estar a unos tresmilseiscientos metros de altura. Como no teníamos reserva, como siempre, se tiene la incertidumbre de dónde se va a pasar la noche, pero con un poco de suerte, obtuvimos el permiso para una noche.




En estos sitios el ambiente es peculiar, uno se vuelve muy observador, se ve a gente poco adaptada a la altura pasándolas realmente canutas. Gente indispuesta, pálida. Los servicios o letrinas huelen realmente mal, es la representación de que esta altura no es la apta para los que vivimos a nivel de mar. De veras que se nota. La basura se acumula en algunos sitios próximos al refugio.Los comportamientos de la gente son más irritables, los que están menos adaptados. Pero todos tenemos en común un sentimiento, el sentimiento de la superación, el sentimiento de las montañas...



Las noches en el refugio no son todo lo buenas que uno quiere. No se descansa bien, se oyen ronquidos y otros ruidos, a parte de que a estas alturas el sueño es más superficial, sobre todo para nosotros. Todo esto repercute en nuestro rendimiento, en nuestras capacidades. La motivación si no se tiene recompensa, cada día se va minando.
A lo que iba, noche en el refugio y salida para arriba a las dos de la mañana, guau!!
Intención, Mont Blanc du Tacul, Maudit, Mont Blanc y Goutert, sus cumbres, claro.





La fila formada por personas con el mismo objetivo parece un gusano de luz a lo bestia. De kilómetros de longitud. Todos por el mismo camino, por la misma linea. Ni se te ocurra adelantar!! Que la gente no cede el camino. Se puede tolerar que la gente quiera ir a un ritmo más ligero, no se entiende que dejar pasar es cosa de segundos, una pérdida inapreciable para el ascenso de nuestra vida. Los adelantamientos por el carril de nieve virgen cuesta, vaya que si cuesta. Uno se agota y se opta por ser parte del gusano, no se pueden superar eslabones. Quizás se insinúa la competitividad, que no competencia. Hay que ser un poco más dóciles en la montaña hombre, estamos para ayudarnos y me gustaría tenerlo presente para toda la vida. La ayuda cuando se requiera de verdad, antepuesta a la cumbre. Espero aceptarlo.
Continuará...












miércoles, 14 de abril de 2010

La fuerza del destino (Primera parte)


La travesía de los cuatromiles en el Macizo del Mont Blanc siempre fue una actividad que me había llamado la atención. Nos habíamos nutrido de muchas aventuras ocurridas en este macizo, quería descubrirlo por cuenta propia, quería experimentar que se siente a esas alturas. La motivación fluía a raudales y fue la misma la que nos hizo coger el coche, cargarlo de comida, ropa y material de montaña y dirigirnos a estos lugares, no sin antes pasar por los Ecrins para aclimatarnos. La llegada a Chamonix fue a escondidas, todo nos impresionaba, tenía miedo a que este sitio nos quedara grande.

Toda persona que veía en la calle me parecía que medía más de dos metros y no veían el suelo por el pecho tan grande que les salía. Nos escondíamos en cada esquina pensando que hacer y dónde.
Huímos a Argentiere. Era un pueblo más pequeño, no había tanta gente y de allí también podríamos subir al glaciar de Argentiere para seguir haciendo montaña. O no era eso para lo que habíamos venido?.

Glaciar de Argentiere, cumbre de Aiguille de Argentiere. Bellísimo!!. Muy, pero que muy guapo. No me arrepiento nada de haber estado allí.
Total, bajamos y de nuevo a Chamonix. Ya no nos impresionaba tanto. Ya habíamos degustado lo suficiente la montaña francesa para que por lo menos, pudiéramos creer en nuestras capacidades y poder realizar la travesía de los cuatromiles, nuestro objetivo. Subida a la Aiguille du Midi. Que alto está!!. Y encima rodeados de japoneses. Pensar en la situación...

Cuando nos preguntaron si éramos alpinistas o turistas para mandarnos al bar de la aguja o a la arista para llegar al Glaciar Blanco, de mi boca salió "alpinist" y empecé a pensar que lógicamente éramos alpinistas...
Continuará.