Pues allí estábamos, como siempre y como si fuera la primera vez, el Urriellu tiene un encanto especial, no se puede dejar de mirar cualquiera que sea su cara, su imagen es única e impresiona...
Fuimos once, nada menos. Algunos amigos y otros, nuevos compañeros de trabajo. Todo salió a pedir de boca. La cara sur del Urriellu, de nuevo nos volvemos a ver, la "Directa de los Martínez", vieja conocida. Sus paredes pulidas por el paso de la gente hace que nos lo ponga cada vez más difícil su escalada o es que me estoy volviendo mayor, tendré que analizarlo, je, je!.
Sus repisas, sus tubos de organo, sus pasajes ya conocidos me hacen aun pensar y descifrar su camino. Algunos agarres los recuerdo y pienso en aquellos momentos que pasé por allí. Nostalgia buena. Siempre buena. Los recuerdos se disparan al tiempo que disfruto de la subida.
La trepada del anfiteatro. Con sumo cuidado siempre. Nunca hay que bajar la guardia, se hace lentamente y de forma segura. En la cumbre siempre hay emoción, siempre hay un beso a la virgen. Siempre hay alegría compartida. Las sensaciones se hacen más palpables, así como los abrazos. Fue un buen día.
La gente del refugio, como siempre. Trato sin igual. Me siento a gusto siempre que voy. Hay que darles las gracias por ponernos las cosas como en casa. Más fáciles.

































