martes, 25 de diciembre de 2012

El Espolón Frendo (Chamonix IV parte)


El Espolón Frendo es una de las grandes actividades clásicas que se pueden realizar en el entorno del Mont-Blanc. Se puede ver perfectamente desde el centro de Chamonix: un largo espolón de roca, nieve y hielo de más de 1000 m de desnivel que comunica el Plateau Intermedio con el Glaciar Blanco del Aguille du Midi. Una de esas actividades que llenan.



Cuando llegamos perdimos casi toda la esperanza de poder escalarlo ya que las nevadas recientes que habían caído tapizaban gran parte del espolón de roca. Tocaba resignarse, otra vez la meteorología y las condiciones de la nieve mandaban. Sin embargo, después de varios días observándolo vimos que poco a poco la nieve empezaba a limpiarse y empezamos de nuevo a creer que sí podría ser. La ilusión crecía por momentos. Pacientemente consultábamos la meteo hasta que apareció una ventana de buen tiempo, sol y frío, los ingredientes necesarios para disfrutarlo a tope.





La estrategia a seguir era sencilla: subir en el último teleférico de la tarde al Plateau Intermedio, acampar cerca de la base del espolón, madrugón a las 3:00 h de la madrugada y luego salir en la noche lo más ligeros posibles para ganarle horas al día y bajar antes del último teleférico de la tarde (17:00 h) a Chamonix.




Con la luz de los frontales cruzamos las grietas del glaciar que dan paso a la entrada de la vira inicial. Rampas de nieve y roca hasta llegar a una zona más difícil y vertical. Desde aquí teníamos que ir en tendencia hacia la derecha y arriba a ganar el filo del espolón. Navegar por aquí se convirtió en una tarea muy difícil, perdiendo la perspectiva de la línea evidente que todos señalábamos con el dedo el día anterior desde las tiendas. Por suerte un grupo de Japoneses que llevábamos delante nos iban marcando más o menos el mejor camino.




La luz del amanecer nos sorprendió mostrándonos un paisaje maravilloso: bajo nuestros pies el Plateau Intermedio y más abajo el fondo del Valle donde Chamonix parecía un pueblo de cuento. Estábamos en el filo del espolón, escalando una gran variedad de pasajes en roca, fisuras, grandes bloques, travesías, etc…que nos hicieron sudar de lo lindo. Está claro que no estamos acostumbrados a estos cuartos y quintos Chamoniardos……



 Vamos ganando altura poco a poco, de vez en cuando un paso un poco más duro de la cuenta nos hace fatigarnos un poco debido a la altura a la que estamos. Después de varias horas escalando alcanzamos la base de la fina arista de nieve que nos conduciría a la base del enorme riñón rocoso que domina la parte superior del Espolón. Esta arista es enorme, muy larga y con bastante inclinación. La verdad que es espectacular recorrerla, vamos dejando a nuestra izquierda un glaciar colgado y a ambos lados un abismo que baja muchos cientos de metros.


Al llegar al riñón rocoso hay dos alternativas para alcanzar la cima, bordearlo por la derecha o por la izquierda. Decidimos salir por la izquierda, en varios largos sobre hielo y nieve muy dura verdaderamente preciosos a más de 3200 m de altura. Teníamos ganas de salir, el tiempo se nos echaba encima y si no tendríamos que dormir en la estación superior del teleférico, cosa que no nos apetecía nada. De esta forma alcanzamos el Glaciar Blanco, nos abrazamos cansados pero llenos de alegría y volvimos en el último teleférico a Chamonix.





Después de varios meses, desde mi salón, recuerdo una actividad de 12 h que nos ilusionó, nos mantuvo en vilo muchos días, nos cansó y nos lleno muchísimo.







No hay comentarios:

Publicar un comentario